
Mientras en Managua el presidente Daniel Ortega se preparaba para inscribir su séptima candidatura a la Presidencia de la República —esta vez ilegal—, en Masaya, el coronel en retiro Carlos Brenes advertía que su reelección puede provocar una situación de violencia en el país.
Al cierre de este trabajo, el coronel en retiro dio su opinión sobre la nominación del ex jefe del Ejército, general Omar Halleslenven, señalando que con esto se está mandando un mensaje “muy grave”, puesto que la imagen de éste está “fresca” dentro de la institución castrense.
¿Cómo inició su lucha contra la dictadura somocista?
Nosotros nos integramos como obreros del calzado en la lucha sindicalista, y a los movimientos estudiantiles, mucho antes de integrarnos a las filas de la Revolución. Siempre fuimos opositores… estuvimos en las luchas estudiantiles, en las tomas de colegios, en la lucha de los maestros en el 69, y por la actividad que nosotros desarrollamos fuimos contactados por el movimiento de liberación de esa época, el Frente Sandinista, más o menos a comienzos de los 70, y a partir de allí me integro a la actividad de lucha antisomocista.
¿Qué implicó para su vida luchar contra la dictadura somocista?
Estando en el movimiento estudiantil nosotros nos enfrentamos a una organización que se llamaba los “Amroc”, que significaba Asociación de Militares y Reservistas Oficiales Somocistas. Nosotros fuimos reprimidos varias veces cuando nos tomamos los institutos en las luchas por las demandas de la salud, de la educación, con otros centenares de compañeros de Masaya, de aquí del barrio (Monimbó).
¿Participó en la insurrección de Monimbó?
Yo no participé en la insurrección de Monimbó, me correspondió participar en otros escenarios, en otros teatros como el Frente Sur, el Frente Occidental “Rigoberto López Pérez”, Granada, Rivas…, no me correspondió tener el honor de participar en Monimbó.
¿Cómo fue su carrera dentro del FSLN y cómo se integro al Ejército Popular Sandinista?
En 1975 somos designados para ir a la clandestinidad a hacer labores organizativas en otros departamentos, como Granada y Rivas, donde estuvimos hasta más o menos 1978, y posteriormente ingresamos al Frente Sur “Benjamín Zeledón”, a mí me correspondió la labor de trasiego y traslado de compañeros, heridos, perseguidos, traslado de armas, municionamiento, logística…
¿Por qué sale del Frente Sandinista y del EPS?
El proceso eleccionario de 1990 me hizo reflexionar si realmente nosotros habíamos cumplido nuestro cometido una vez de haber derrocado la dictadura, y si realmente los compromisos que asumimos en los años 70, en la forma programática, se habían cumplido, y la verdad es que después de un profundo análisis de mucho tiempo, llegué a la conclusión de que estábamos lejísimos en el 92, cuando me retire del Ejército, y ahora estamos en el 2011, y todavía estamos lejos de eso. No hemos cumplido los compromisos que adquirimos en los años 60, 70 y 80.
Cuando se retiró en el 92, ¿qué fue realmente lo que observó que no se habían cumplido los compromisos…? ¿Fue por falta de voluntad e intereses personales o porque fue imposible en medio de una guerra civil?
Por varias cosas. En primer orden, el término de la guerra es un momento histórico para Nicaragua, la razón de ser o de estar integrado en el Ejército fue precisamente la lucha política, pero una vez terminada la guerra, las luchas políticas se transforman, y el Ejército te obligaba a ser no deliberante, no participativo, a ser obediente, y eso en alguna medida limita la posibilidad política, entonces yo dije: “Pues parece ser que voy a hacer mas falta en la vida civil que en la vida militar”, y el tiempo lo está diciendo.
¿No pensó en alternativas de incidencia política?
Ninguna. Me retiré y procuré retirarme y vivir retirado, pero la verdad es que las angustias y las necesidades del país te alcanzan en el lugar donde estés.
Le hago esa pregunta porque usted muy bien pudo haber seguido procurando hacer incidencia política desde el Frente Sandinista. ¿Hubo alguna razón para que no lo hiciera?
Yo estaba claro en 1992 de que no había ninguna posibilidad de poder incidir en el partido, como no la hay hasta ahora. Hoy es conducido verticalmente por dos personas y por un grupo que contribuyen con sus propósitos de grupo y con sus propósitos personales.
En el 92, ¿el partido era igual como lo está describiendo ahora?
Ya se avizoraba, ya se vislumbraba. Ya había rasgos, como la eliminación gradualmente del centralismo democrático, de la Asamblea Sandinista, del Congreso, de la opinión personal --que valía poco, no era tomada en cuenta, como no lo es hoy tampoco--. Por eso he preferido estar en lo que se conoce como el sandinismo amplio, coincidí con otros sandinistas en otras corrientes, participando en los momentos más álgidos de la manera más cívica posible.
Del 92 a la fecha hay casi 20 años. ¿Por qué hasta ahora hacen este pronunciamiento?
En mi caso no. Nosotros ya hemos participado en otros movimientos, como el Movimiento de Unidad Nacional, y en aquel momento el eje de nuestra actividad política era la denuncia del pacto, estamos hablando ya de más de una década.
¿Qué señalaban en ese momento sobre el pacto?
En primer lugar, que no había intención de desarrollar la democracia en el país, que lo que se estaba jugando era la alternabilidad en el poder de dos grupos políticos y dos grupos económicos en detrimento de la democracia y del desarrollo del país.
¿Imaginaron que se iba a llegar a la situación política actual?
Preveíamos que, efectivamente, había una necesidad inminente del orteguismo de afianzarse económica y políticamente… económicamente esta afianzado, políticamente no lo ha logrado todavía, piensa afianzarse haciéndose de estas elecciones de cualquier forma posible.
¿Por qué en este llamado dicen que la inscripción de Daniel Ortega podría desatar una situación de violencia en el país?
No es lo que dicen los medios, no es lo que dicen los políticos, no es lo que decimos nosotros, es lo que dice el ciudadano común y corriente con el cual uno se vincula, habla sin tapujos, aun sin conocer, sin saber que uno es un actor político. Expresan un temor a la vuelta de los 80, y ya señalan algunas prácticas de los años 80, como convertir las aulas en una cancha política, como sacar a los niños de las escuelas para mandarlos a las actividades políticas, como obligar a callar la crítica, como reprimir con turbas la libertad de expresión, de locomoción. Vemos a la población con un temor de que se entronice una persona con unos estilos de gobernar impositivos, avasallantes, autoritarios, totalitarios y fuera del sentido común.
¿Qué va a pasar después de que se inscriba Daniel Ortega?
Aquí la última palabra, como dice la Constitución y como lo ha dicho la historia, la tiene el soberano, y el soberano hasta ahora está divido, está fraccionado, está con temor, y va a aglutinarse, va a tomar conciencia y va a determinar que se reelija el Presidente, pues de alguna manera la gente va a tener que verlo, pero otra cosa es que la gente lo acepte, que la gente lo permita y que transcurra una vida normal… y no lo creo, no porque la gente no sea pacífica o quiera conflicto, sino, sencillamente, porque si existen los mismos estilos que se están ocupando para gobernar, el ciudadano no tiene más remedio que la rebelión.
Ustedes insisten en que no desean ver violencia en el país, sin embargo, algunos analistas políticos dicen que las vías jurídicas y cívicas se están agotando, y que lo que queda es la rebelión. ¿Coincide con este pensamiento?
Creo que las vías cívicas se van agotando, vamos caminando hacia un callejón sin salida, y en la medida que se sigan usando los procedimientos de control y de represión contra la manifestación popular, en esa medida van a ir apareciendo los criterios que dicen “aquí no hay otra salida”.
Institucionalidad del Ejército en peligro
Regresando a su vida militar, ¿qué cargo tuvo dentro del EPS y qué implicó para su vida?
Después del 79 no sabía qué papel me correspondía una vez derrocado Somoza, pero la comandancia entonces naciente del Ejército me llamó a ocupar un cargo en Occidente, y allí me integre al EPS. Ocupé varios cargos, el primero fue el de segundo jefe de la región militar naciente en Occidente, luego paso a fundar el Estado Mayor del Atlántico Norte, posteriormente a la Dirección Política del Ejército, luego a formar las Unidades Blindadas del Ejército, también me nombraron jefe de la Región Especial de Defensa de Managua ante una eventual invasión, y concluí mi carrera militar estando de jefe de la Segunda Región Militar nuevamente en Occidente.
¿Considera que la institucionalidad del actual Ejército está en peligro?
No solo la institucionalidad del Ejército, sino de todo el país, de toda la democracia, todo el proceso de desarrollo en Nicaragua está comprometido con estos estilos de gobierno. No puede ser que los miembros de las Fuerzas Armadas estén participando en actividades político-partidarias, y los hemos visto, desgraciadamente.
¿Ve usted posibilidades de que el Ejército se subordine, en primer lugar, al Presidente?
El problema está planteado. Si ya participan en actividades partidarias, creo que ya están dados los primeros pasos, si es que no hay otros que no conocemos.
Las tres leyes de seguridad que aprobó en diciembre la Asamblea Nacional con trámite de urgencia, ¿son un hecho aislado o tienen una intención de fondo?
Desde mi punto de vista, el hecho de hacerlo en este momento sin que haya ingentes necesidades de defensa de la nación, da lugar a la perspicacia y hasta la duda. No era necesidad de urgencia ni inminente, porque nosotros estamos lejos de una confrontación con cualquier país, incluso aunque se va acercando el callejón sin salida no creemos que vaya a ser ahorita o mañana, pero el término de las elecciones puede ser un momento en el que el país pueda entrar en una aguda crisis, que es a lo que nosotros le tememos, y por lo cual nos pronunciamos y estamos llamando la atención de la sociedad civil.
¿Cree que estas leyes dejan en manos del Presidente controlar a las Fuerzas Armadas en una situación de rebelión?
No creo, porque el actual Ejército es un Ejército con mucha preparación académica, militar y cultural, que está preparado, es pensante, tiene como base el EPS, que tuvo su pensamiento y accionar político… creo que son gente pensante y que en algún momento van a pensar, no son robot y van a determinar qué es lo que le conviene más al país.
Ex militares están ocupando altos cargos en el Gobierno y en Albanisa, ¿qué lectura hace de ello?
Creo que hay alguna intención, porque desde luego que son escogidos sobre otro número de profesionales con igual o mayor preparación, y son puestos en áreas neurálgicas, tienen un propósito.
¿Qué cualidades tiene un ex militar como para ponerlo en esos cargos?
Los militares tienen una serie de características en todas partes del mundo: en primer lugar, son muy organizados, muy metódicos, muy disciplinados, muy trabajadores, son muy guardadores del sigilo, del secreto y son preparados para la obediencia, la obediencia y la obediencia.
El ex jefe del Ejército de Nicaragua, general Omar Hallesleven, es la fórmula del presidente Daniel Ortega, ¿qué opinión le merece?
No es ninguna sorpresa, estaba en nuestros cálculos. Desde hace varios años (Hallesleven) viene trabajando en ser una figura pública notable. Esto es parte del fenómeno que consiste en que oficiales que pasan a retiro ocupan cargos en el partido y en los negocios del partido.
¿Qué significado tiene la nominación de Hallesleven?
Son mensajes graves y delicados los que manda este nombramiento. Hallesleven es una persona que acaba de salir de las Fuerzas Armadas y todavía tiene incidencia. Su figura no ha salido, su estilo y su actuar de mando están allí, y pretende enviar un mensaje a las filas del orteguismo, de que la fidelidad es premiada, y que otro criterio que no sea el del orteguismo va a ser castigado.