

Nicolas Sarkozy está cogido en una “pinza” que tiene tres cabezas: electores conservadores descontentos, la presión de Marine Le Pen y una oposición socialista que puede beneficiarse de la temible presencia de la presidenta del Frente Nacional (FN, extrema derecha) en la larga marcha hacia la conquista o reconquista de la presidencia de la República.
Esa “pinza” afecta a la línea de flotación política de la Unión por un Movimiento Popular (UMP, derecha moderada), cuyo presidente, Jean-François Copé, ha protagonizado un enfrentamiento verbal muy duro contra Marine Le Pen, declarando a LCI: “La presidenta del FN ha desvelado su rostro de odio. Nos enfrentamos a una extrema derecha que descubre su verdadero rostro”.
Marine Le Pen le respondería: “¡Qué arrogancia..! Las elites se entienden entre ellas. Por eso serán barridas por el pueblo”.
El duelo a primera sangre verbal entre Copé, presidente del partido de Sarkozy, y Marine Le Pen, al frente de la tercera fuerza política nacional, apenas es un reflejo de la tormenta en curso. Según los sondeos, el FN se ha convertido en un “partido como los otros” para el 52 por ciento de los franceses, cuando fue el mismo Sarkozy quién dio la doctrina electoral oficial a los candidatos de su partido en las elecciones cantonales: “Quienes negocien con la extrema derecha serán excluidos del partido”.