

Así, cerca de cuatro millones de haitianos tienen esta extraña cita con las urnas, en medio de lo que ha dejado el desastre.
No solo están en juego la elección presidencial, la composición del Parlamento y el próximo gobierno, sino mucho más que eso: la reconstrucción de un Haití que ya era el país más pobre de América antes del gran terremoto del 2010, que mató a por lo menos 316.000 personas.
En torno al 70 por ciento de la población haitiana sobrevive, si de ese modo se puede llamar, con cerca de dos dólares al día, unas 5.000 personas han muerto por culpa de una epidemia de cólera en los últimos meses y alrededor de 850 mil afectados por la catástrofe viven en precarias tiendas de campaña, desde que el devastador sismo castigó con crudeza a la nación.
Son solo algunas cifras que ilustran la difícil situación del país antillano.
Un poco más de un año después de la gran catástrofe del terremoto, muchas calles siguen flanqueadas por cientos de edificios en ruinas y toneladas de escombros.
Las tiendas de campaña y las ruinas simbolizan dos de los grandes retos que tiene por delante la nación caribeña: la retirada de los restos de las casas que colapsaron y el suministro de viviendas dignas a miles de familias.
Son dos grandes prioridades en el proceso de reconstrucción.