
Aunque tanto la señora Manigat como Martelly vinieron a Santo Domingo a verse con el presidente Fernández, el nombre de la República Dominicana no se menciona en la campaña, cuando los dos, y sus estrategas, saben muy bien que tendrán que encarar el problema de la inmigración.
Martelly cometió una pifia, por falta de destreza en el uso del idioma español, al decir durante su visita a Santo Domingo hace dos semanas, que estaría de acuerdo con la reunificación de la isla. La periodista que lo entrevistó en la televisión, concedió que pudo no haber comprendido la pregunta. La cáustica caricatura de Diario Libre ayer ilustra bien el tema.
La parte dominicana no tiene nada que hacer. Sometida a una neutralidad que el doctor Fernández ha mantenido más que gobiernos anteriores, si bien pudiera creerse que convendría la elección de Manigat, porque conoce mejor la RD y vivió aquí, la elección de un candidato impredecible es cosa de los haitianos.
Se dice que Martelly tiene el apoyo de los norteamericanos pero eso no está claro. Lo que pareció un fraude grosero en su contra el 28 de noviembre, pudo haber alertado a los Estados Unidos sobre la posibilidad de un estallido social. Se diría que la señora Manigat no tiene por qué ser objetada.
Es cierto que el principal apoyo moral y económico de Martelly proviene de Wycleaf Jean, cantante y músico haitiano naturalizado norteamericano, que le ha dado el tinte demagógico a la campaña al decir que tiene un organismo en EE.UU. que pondría una computadora en las manos de cada niño haitiano. Parece que sectores empresariales también apuestan a su boleta.