La suerte de Martelly la definieron los Estados Unidos, la OEA y los países amigos de Haití tras las elecciones de primer término el 28 de noviembre, cuando obtuvo el tercer lugar detrás de la señora Manigat y de Jude Célestin, candidato apoyado por el gobierno de René Préval. Los desórdenes generados por la decisión del Comité Organizador de las elecciones de relegar a Martelly al tercer lugar, lo que le impedía participar en la segunda vuelta y ciertas denuncias de que hubo fraude en su contra, motivaron un recuento que le otorgó el segundo lugar.
Martelly, quien se vende como un hombre de coraje que representa al pueblo llano frente a la señora Manigat, de la clase política tradicional, y al sector intelectual que no entiende los problemas de Haití, ha abrazado a todos, mansos y cimarrones, duvalieristas adelante.
Cuando se presentó hace dos semanas en Santo Domingo y visitó al presidente Leonel Fernández en el Palacio Nacional, uno de sus tres acompañantes fue Daniel Suplicce, quien en los últimos años de Jean Claude Duvalier fue de los recipientes del pago por los braceros haitianos.
Como su campaña abraza a todos y propone privadamente darle participación a todos, recibió el fin de semana el apoyo de cinco candidatos derrotados en primera vuelta: Josette Bijou, Charles E. Smarti, Jeudy Wilson, Joseph Génard y Jean J. Chavannes.
Un apoyo importante para el político provino del Concilio de Iglesias Cristianas (evangélicas), cuyos pastores de todo el país consideraron que Martelly sería el mejor candidato a elegir. Se cree que, por el contrario, la señora Manigat tiene el apoyo de algunos obispos católicos.
En un país en el cual las iglesias evangélicas tienen tanto peso, aunque la mayoría de los nueve millones de haitianos son nominalmente católicos, el apoyo de los pastores a Martelly podría ser una gran ayuda. En todo caso, lo que se cree es que los comicios se decidirán de hoy al viernes.